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En la historia de las artes plásticas, es decir de la representación de lo visible, siempre hemos apreciado, los espectadores, la visión personal del artista, unas veces desde la fantasía e interpretación de formas y colores para sugerir o sencillamente proponernos agresivamente el que interpretemos, sin tener las claves que le guiaron a él, significado y preocupación de su obra, poniendo a prueba al espectador con una filosofía de la mirada, más que una óptica o tratado visual.

Federico Ramírez ejecuta de forma sólida y combinando experiencia y apasionamiento, pero sin concesiones de efectismo o sugerencias si bien, en sus últimas muestras, se denota está haciendo un camino añadiendo color con pinceladas en acuarelas, remarcando y alegrando la dura piedra, la recia estampa de paisajes y monumentos, principalmente del Camino, de su Camino a Santiago, que tantas veces ha recorrido con la mirada atenta y su corazón generoso abierto hacia lo que el Camino significa de mística, fortalecimiento de cuerpo y espíritu, reto y plenitud.

En su obra hay exactitud, austeridad, resolución a problemas de perspectiva de "valor añadido". Se nota, en su obra, buen oficio, mirada analítica y pasión de artista y todo eso lo percibe y goza quien visita sus exposiciones y el que la adquiere mucho más.

Luís Simón Zorita
ESCRITOR